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Miscuadros.net abre este
apartado con la intención de contribuir, modestamente, a una aproximación de
algunas obras de la pintura. Lo iniciamos con obras del periodo
expresionista, por ser uno de nuestros favoritos, y creemos que no existen muchos análisis de este
periodo. OTTO DIX
![]() Cuando Otto Dix terminó su
tríptico, los “locos años veinte”
estaban en su pleno apogeo. Berlín se movía a ritmo de charlestón, claqué y el
jazz había llegado hasta la ópera. Sin embargo, los efectos de la guerra
perdida, todavía se dejaban sentir diez años después del armisticio: los
veteranos mendigando en las calles, los tullidos y las víctimas de la inflación
contrastaban brutalmente con el frenesí y la sed de diversión de la gran ciudad.
Dix ha plasmado esta oposición en su genial retablo profano |
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Los tullidos: Este cuadro fue pintado después del
armisticio, pero la guerra sigue siendo omnipresente en él: en el ala derecha
se ve un tullido sin piernas con el rostro remendado, en el ala izquierda un
hombre con uniforme caído en el suelo y delante de él un inválido de la guerra
con las piernas de palo que avanza con la ayuda de las muletas. La guerra era el
recuerdo que le perseguía, los horrores
, la destrucción y el sufrimiento siempre estuvieron presentes no solamente en
él, sino en todos los artista de la Alemania de entreguerras. |
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El negro: Resulta curiosa la imagen de este personaje de
color en esta obra, más cuando en aquella Alemania ya había una cierta aversión
a los negros y a los judíos, puesto que una parte de la población pensaba que
estas personas amenazaban a la raza germánica. En la parte central de la obra
se siente el sonido de la música, pero esa música que suena no es europea había
llegado del otro lado del Atlántico y era una creación de los afroamericanos y
Dix no podía eludir este detalle. |
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El jazz y el charlestón: El jazz había traído a la vieja Europa una nueva forma de
expresión musical. Los instrumentos musicales (véase los que aparecen en el
cuadro: los distintos instrumentos de la familia de los saxofones) no eran los
utilizados en la cultura musical europea, por lo tanto era una música con una
nueva sonoridad hasta hora nunca escuchada (véase la sorpresa del personaje detrás
del piano) que rompía de forma radical el concepto tímbrico que se tenía en
Europa. Dix tiene la
sutileza, no solamente de mostrarnos una escena musical de la época, sino que
nos dice la música que está sonando en el cuadro. No hace falta ser un
especialista en música para darse cuenta de que la posición de las piernas de
la señorita que baila nos indica claramente que está bailando un charlestón. |
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El pelo corto: Aquella música llevaba aparejada una estética.
Dix no desaprovecha la ocasión para mostrarnos como habían cambiado las cosas
después de la guerra. La ropa y los peinados que aparecen en el cuadro eran una
muestra clara de la ruptura. Hasta entonces las mujeres europeas no habían
podido enseñar tanto las piernas. Las faldas subieron desde los tobillos a
encima de las rodillas, los vestidos se volvieron rectos, disimulando e incluso
suprimiendo el pecho. El pelo, principal rasgo del erotismo femenino, sufrió un
cambio drástico, se recortó según el modelo masculino: el corte “à le garçon”. Pero esta figura femenina que está de pie en el centro del cuadro
también encierra a su vez una visión femenina opuesta. Sería la vampiresa, la devoradora de hombres personificada más
tarde por Marlene Dietrich. No era una estética nueva pero muestra una mujer
que no se sometía a los hombres. Dix mezcla en esta figura femenina la vampiresa
por el abanico de plumas y su maquillaje pero también a la nueva mujer de pelo corto, vestido
suelto y cuerpo atlético. |
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Conclusión: Algunos críticos han señalado que en
esta obra Dix podemos establecer asociaciones de tipo religioso no sólo por el
formato del retablo sino que se pueden interpretar en algunas de sus
figuraciones: las mujeres del ala derecha, superpuestas sin perspectiva, evocan
los grupos de ángeles de los pintores medievales, mientras la mujer del centro
sostiene el abanico de plumas como una aureola. El inválido de la izquierda no está clavado en la cruz pero
también está atado a la madera. Este comentario puede ser o no acertado pero
Dix vivió durante mucho tiempo junto a una iglesia gótica. Fue expulsado de
la Academia con la llegada de los nazis y se le acuso de “atentar gravemente
contra las buenas costumbres del pueblo
alemán” su arte se consideró degenerado. |
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El poeta
norteamericano Mark Strand ha realizado un fino análisis de la obra de Hopper,
la cual en líneas generales la identifica
con el silencio. “ El silencio que acompaña nuestra observación parece crecer”
. "Hay tres
personas sentadas en lo que debe ser una cafetería de 24 h. Aunque
ocupado, un camarero vestido de blanco mira a uno de los clientes. Este,
sentado junto a una mujer de aspecto distraído, lo mira a su vez. Otro cliente,
de espaldas a nosotros, dirige su mirada hacia la zona en que se encuentran el
hombre y la mujer. El elemento
dominante de la escena es la gran ventana a través de la cual vemos el interior
de la cafetería; esta abarca dos terceras partes del lienzo, conformando una
figura geométrica, un trapecio isósceles que establece la direccionalidad de la
pintura con relación a un punto de fuga que no puede ser visto, y que ha de ser
imaginado. Mirando este
cuadro quedamos suspendidos entre dos imperativos contradictorios; uno,
gobernado por el trapecio, que nos apremia a seguir adelante, y el otro,
dominado por la imagen de un lugar iluminado en medio de la ciudad oscura, que
nos incita a permanecer. En este caso, igual que en otros cuadros de Hopper en los que las calles o las carreteras juegan un papel importante, no hay coches a la vista. No hay nadie con quien compartir lo que vemos, nadie ha llegado antes que nosotros. La soledad del viaje, junto con nuestro sentimiento de perdida y de pasajera ausencia, se harán inevitablemente presentes". Hopper, Marck Strand. Ed. Lumen |